Cómo explico yo el capitalismo

Si fuera historiador y nutricionista, que no soy ni lo uno ni lo otro, escribiría un tratado sobre cómo entender el capitalismo y sus apetitos. Todos esos conceptos complicados que muchas veces se nos escapan quedarían, mejor o peor, explicados con ejemplos sencillos y tangibles.


Cuando leemos que el capitalismo se basa en la propiedad privada, empezaría la lección por el cercamiento de tierras en la Inglaterra feudal. Lo que era un bien de usufructo colectivo, la tierra cultivable, quedó vallado, protegido y mandado por y para unos pocos. El desarrollo de industrias competitivas (y que sólo se alimentaban del lucro económico, olvidándose de los derechos más básicos) se hizo patente en los millones de campesinos esclavizados y expulsados de su residencia, edificando la revolución industrial y volcando las riquezas de los países periféricos hacia los países centrales. El poder corporativo, otra de las características del capitalismo, tiene también los mejores ejemplos y mucho recorrido en el campo agrícola –quizás ahí nació– con las grandes compañías fruteras y hoy con un puñado de empresas que controlan las semillas, granos, cereales y todo lo que es comestible. Por último, el nulo respeto por el medio ambiente, que nos creemos que está bajo nuestro dominio y explotación, también queda reflejado en la intensificación de la agricultura y la ganadería.


Es decir, me gustaría escribir un tratado que demostraría cómo en la agricultura fue donde el capitalismo antes actuó y donde antes se conocieron sus nefastos efectos. Es por eso que para las poblaciones rurales de todo el planeta, la crisis que padecemos actualmente no es más que un accidente coyuntural, una piedra en un camino de socavones. La conocen desde hace décadas: hambre, desempleo, falta de servicios, trabajo basura, desprecio político…


Si fuera sociólogo, encontraría también una correlación clara entre quienes han sufrido los estragos del capitalismo y quienes –desde hace tiempo– están en lucha contra él. Y sabría explicarles por qué el movimiento mundial de campesinos y pequeños agricultores, La Vía Campesina, aglutina a más de 200 millones de seres humanos movilizados contra las empresas de agronegocios que se están adueñando de la agricultura, contra el acaparamiento de tierras y contra el libre comercio.


Sin ser historiador, nutricionista ni sociólogo, lo que sí puedo afirmar es que las luchas de La Vía Campesina han sido un elemento clave para frenar las políticas de libre comercio impulsadas centralmente desde la Organización Mundial de Comercio, lo que ha llevado a los defensores de este modelo capitalista y desregulado a la multiplicación de tratados de libre comercio bilaterales entre varios países o varias regiones. El más precoz, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá, EEUU y México, nos ha dejado en sus más de 15 años de aplicación resultados claros: la agricultura industrializada de los poderosos ha empobrecido y desplazado a la agricultura indígena –madre y padre del maíz–. El más reciente, entre Colombia y la Unión Europea, promete darnos frutos similares.


La Política Agraria Común de la Unión Europea que favorece la ganadería industrial y sus corporaciones tiene desde hace años un problema de excedentes de leche. Este modelo de sobreproducción y concentración ha sido el causante de la ruina de miles y miles de pequeñas ganaderías y lecherías de las zonas rurales europeas, muy evidentes en el norte peninsular. Lejos de revertir la situación, la solución que se propone es más mecanismos que beneficien a estas grandes industrias, con instrumentos que favorezcan la exportación de leche a países como Colombia, donde el respectivo TLC permitirá su entrada en torrentes.


Un tratado que trata de eliminar barreras es un acuerdo que deja una lucha desigual entre industrias lácteas europeas todopoderosas, altamente subvencionas (la UE dedica 16.000 millones de euros anuales a este sector), con sistemas de producción muy intensivos y bajos costes, frente a millones de pequeñas ganaderías locales.
 Colombia es autosuficiente con su producción láctea. Del total, un 43% se produce y distribuye en una cadena popular que apenas recibe el apoyo estatal y que maneja un volumen de 7,75 millones de litros diarios que van tanto a los hogares, como a millares de pequeñas y medianas industrias de derivados lácteos que producen quesos campesinos, cuajos, mantequilla casera, almojábanas, arequipes, crema de leche, kumis, postres, yogur casero, sabajón, avenas lácteas, “panelitas” y muchas otras exquisiteces. Los consumidores atendidos, que deberán hervir la leche para garantizar su higiene, llegan casi a 20 millones de personas, los “jarreadores” (transportistas de la leche) se acercan a 50.000 y, finalmente, el valor de este negocio es de más de tres billones de pesos anuales (cerca de 1.700 millones de dólares), cifra nada despreciable para apetitos voraces.


Es este 43%, estos 1.700 millones de dólares distribuidos entre mucha población, lo que un modelo capitalista no puede dejar de aprovechar. En breve, con el tratado en marcha y sin aranceles a la importación a la leche extranjera, pasará a ser parte de las multinacionales de la industria láctea. Las mismas que ya engordaron en España a base de comerse a campesinas y campesinos.

SOMALIA, Otra vez la Hpocresía

somaliaOtra vez la hambruna en el cuerno de África, y, otra vez, los medios de comunicación se lanzan en tromba porque parece que se acaba el mundo y que estamos ante una catástrofe nueva, inédita, algo insólito, jamás visto, ¿Cómo es posible que millones de personas, a causa de una pertinaz sequía, estén al borde de morir de hambre? ¡Un escándalo! ¡Otra hipocresía!.
Y desde SOLMAN nos preguntamos si el sistema estará tan corrompido que será capaz de utilizar esta situación –que no es nueva, ni insólita, ni inédita- como otro elemento distractor de los que acostumbra a usar para que no pensemos en lo que realmente está provocando esta sinrazón mundial que estamos viviendo, sobre todo en el mundo rico occidental.
A ver si nos enteramos, desde hace muchos años, hay países -casi continentes-, que viven permanentemente al borde de la hambruna, de la desesperación, de la muerte; muy por debajo del umbral no ya de la pobreza, sino por debajo del umbral de la dignidad humana. Y éste es el pan nuestro de cada día, que, en momentos puntuales, se manifiesta en forma de picos insoportables, como ahora en Somalia.


Pero el mundo rico, el occidente cristiano, democrático y portador de la civilización de la paz y la libertad, -no emporquéis más estas palabras-, encumbrados en el pedestal del estado del “bienestar” consideran que esos son daños colaterales, que lo importante es la estabilidad de los mercados, el equilibrio financiero, la estabilidad monetaria… Qué más da que en España haya no sé cuantos millones de parados, en Italia se establezcan recortes leoninos al derecho a la salud, en Grecia salgan a la calle todos los griegos o que en Somalia, Etiopía, Nicaragua, Haití, Afganistán o donde sea, la gente llegue al extremo de morir de hambre. Estos son daños colaterales. La macroeconomía no puede fijarse en esos detalles.

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La hora de "los pueblos"

 

Por fin, “los pueblos” están empezando a tomar en sus manos las riendas del destino común. Las maquinaciones del Gran Dominio –financiero, militar, energético, mediático– comienzan a ser contrarrestadas por millones de voces hasta ahora desoídas y acalladas. Son los estertores de un sistema que, liderado por el presidente Reagan y la premier Thatcher, sustituyó los principios de justicia social, dignidad humana, libertad y solidaridad por el mercantilismo puro; las ayudas, por préstamos en condiciones draconianas; la cooperación internacional, por explotación; y las Naciones Unidas, por una oligarquía plutocrática (G-6, G-7, G-8…)

En todos estos años, la mayoría de los países fueron cayendo en la trampa de la “globalización”, y los intereses a corto plazo fueron ocultando, en el apogeo de la expansión neoliberal, el deterioro medioambiental, las burbujas económicas, la impunidad en el espacio supranacional con inadmisibles tráficos de toda índole, personas incluidas; el incremento de las asimetrías sociales; la deslocalización fundamentada en el “todo vale”… Todo ello aderezado con invasiones como las de Kósovo o Irak, basadas en la discrecionalidad y la mentira, sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad.

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¿Qué futuro político podemos construir?

Spanish_Revolution_003Dos grandes explosiones políticas han tenido lugar en nuestro país entre el 15 M y el 22 M. ¿Estamos esquizofrénicos los españoles? Es hora de dar respuesta a esta pregunta y de reflexionar sobre los antagonismos existentes entre ciudadanos que han tenido comportamientos bien diferentes. Hemos de preguntarnos qué manifiestan el 15 M y el 22 M.

De individuos siervos a ciudadanos precarios en lucha

En el primero de los casos, estamos ante la insurrección del «precariado». Utilizo este término acuñado por Robert Castel para referirse al trabajador precario, al ciudadano que experimenta condiciones de vida cada vez más deterioradas. El proletariado de siglos pasados se reencarna de alguna forma en el precariado del siglo XXI. Está formado por parados, trabajadores con bajos salarios, jóvenes sin acceso a la vivienda, jubilados con bajas pensiones, inmigrantes explotados, graduados universitarios sin empleo o con trabajos mal pagados, parejas sin perspectiva de formar una familia, prejubilados, habitantes de barrios obreros desestructurados y de comarcas rurales deprimidas.

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SORTEO Vuela con Solman y Halcón Viajes

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El pasado Martes 24 en la clausura del XVI Ciclo de Cine Solidario Solman, tuvo lugar el sorteo de 2 billetes de avión obsequiados por Halcon Viajes Toledo para los destinos siguientes: París, Roma, o Tenerife.

 

El premio ha recaido en

Ángela Vicenta Malagón Cabezas,
papeleta nº 24

 

¡¡¡ ENHORABUENA !!!

 

El premio se debe recoger en las oficinas de Solman, c/ Azucena 19, entreplanta, oficina 3, o podéis informaros en el siguiente teléfono +34 926 25 47 07 o a través de Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

solman#2010

El poder de lo público contra la pobreza

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Dice la sabiduría popular que toda crisis supone una oportunidad. Tal vez esta sentencia pueda parecernos manida pero, sin lugar a dudas, lleva consigo una importante carga de razón. A estas alturas nadie duda que la crisis está afectando a todos los sectores de nuestra sociedad - incluidas las ONG de Desarrollo, algunas de las cuales han anunciado recortes de personal en las últimas semanas. Nadie debería dudar tampoco, que ese impacto está siendo mucho más agresivo y dramático para las personas más vulnerables del planeta: hay más de 1.500 millones de personas que sufren pobreza extrema en el mundo.

El Plan Anual de Cooperación Internacional aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 4 de marzo, consolida una preocupante tendencia que rompe con los compromisos asumidos por el gobierno en materia de cooperación al desarrollo y que, en última instancia, impedirá que los objetivos marcados en la lucha contra la pobreza para 2015 puedan alcanzarse. Los recortes de más de 1.000 millones de euros recogidos por este Plan, conllevan la disminución de la ayuda en sectores tan importantes como la educación, la salud o el acceso al agua y al saneamiento y abren la puerta a que la cifra de 1.500 millones de personas extremadamente pobres se incremente.

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