ARTICULO OPINIÓN: COVID-19 UN PROBLEMA GLOBAL QUE REQUIERE UNA SOLIDARIDAD GLOBAL

COVID-19: UN PROBLEMA GLOBAL QUE REQUIERE UNA SOLIDARIDAD GLOBAL

 La actual crisis sanitaria, social y económica de la COVID-19 (siglas inglesas de COronaVIrus Disease-19, enfermedad por nuevo coronavirus surgido en 2019) tiene su origen en las tremendas desigualdades que existen en el mundo y en el impacto que nuestro modelo económico y político está causando en el planeta. Este origen es global, ha producido un impacto global y la solución no puede por menos que ser también global. Si el inicio de esta nueva enfermedad hunde sus raíces en la insolidaridad y el desprecio por los demás y por la naturaleza, el fin de la pandemia debe cimentarse en la solidaridad humana y el respeto por el medio ambiente. Incluso a aquellos que todavía no han conocido los beneficios del altruismo se les podría aconsejar que pensaran (y actuaran) de manera solidaria por egoísmo propio. No hay otro remedio.

¿Existe alguna relación entre los murciélagos, un pequeño mamífero llamado pangolín, las desigualdades económicas y sociales, la explotación inmisericorde del medio ambiente y la actual pandemia COVID-19? La respuesta es, sin ningún género de duda, SÍ. Investiguemos esta (aparentemente) extraña relación…

El virus que causa la COVID-19 es denominado por los científicos SARS-CoV-2, un coronavirus muy semejante a otro que surgió antes, el SARS-CoV. Las siglas SARS significan Síndrome Agudo Respiratorio Severo y hacen referencia a la neumonía atípica de extrema gravedad que puede desencadenar en los pacientes. [1] [2]

Existen 7 tipos de coronavirus conocidos hasta ahora, 4 de ellos responsables del resfriado común. [3] Los 3 restantes (SARS-CoV, MERS-CoV y SARS-CoV-2), curiosamente, han surgido en apenas 17 años, se han originado en las mismas zonas (China y Oriente Medio) y han sido más agresivos/peligrosos que los anteriores. En Ciencia la casualidad, aunque exista, no suele ser habitual. El último tipo es el que nos ocupa ahora: SARS-CoV-2. Oficialmente, el primer caso fue confirmado a la OMS el 31 de diciembre de 2019, aunque estudios recientes apuntan a que el virus ya estaba circulando entre humanos varios meses antes. [4]

Hay que aclarar que los virus no son considerados por la mayoría de los biólogos como seres vivos, ya que, aparte de reproducirse en células a las que infectan, mutar y unirse a nuevas células, no presentan otro tipo de características vitales. Apenas son algo más que un sistema más o menos complejo de moléculas acopladas entre sí. El SARS-CoV-2 es un virus ARN. Sin entrar en detalle, esto significa que sus genes se encuentran en una molécula de ácido ribonucleico (ARN). Estos virus, al reproducirse (al hacer copias de esa molécula), cometen muchos errores, lo que genera un considerable número de mutaciones en los descendientes. Es decir, hay una variedad enorme de virus “hijos” que son distintos entre sí.

Excluyendo la teoría conspirativa que ha estado circulando en algunos medios y que afirmaba que el Sars-CoV-2 había sido creado artificialmente en un laboratorio (un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista científica Nature Medicine [5] descarta completamente esta posibilidad), sólo nos queda apelar a las causas naturales para explicar su origen. Causas que, por otro lado, son poderosísimas y han permitido alcanzar la enorme variedad de vida que contemplamos hoy.

Los virus, como los seres vivos, cambian, evolucionan para adaptarse a nuevos ambientes y poder sobrevivir en ellos. No existe una intencionalidad. Es fruto del azar. Como se ha comentado, la gran cantidad de virus distintos que se van produciendo a causa de las mutaciones presentan distintas características: unos se reproducen más deprisa, otros fabrican proteínas algo diferentes que les permiten desplazarse con más facilidad en el organismo al que infectan, otros son totalmente ineficaces y acaban extinguiéndose… Y puede ocurrir que algunos de ellos lleguen, por azar, a producir proteínas que les permitan unirse a células de otras especies de seres vivos a los que antes no habían podido infectar.

Esto es lo que ha ocurrido con los tres tipos de virus mencionados antes: SARS-CoV, MERS-CoV y SARS-CoV-2. Representantes casi idénticos a ellos se han encontrado en multitud de especies de murciélagos ubicados en zonas recónditas de selvas, bosques y cuevas de Oriente Medio y Extremo Oriente. Como explica David Quammen [6], reportero y divulgador científico norteamericano que ha publicado hace poco un libro traducido al castellano con el profético título de Contagio [7], los murciélagos son buenos hospedadores de los virus por su abundancia, porque viven en colonias muy numerosas donde se encuentran muy próximos entre sí y porque se mueven en las proximidades de sus hábitats con facilidad para buscar comida. Los coronavirus pueden reproducirse en ellos, sin causarles daño aparente, y, generación tras generación, ir cambiando, mutando, evolucionando… En epidemiología, a este tipo de animales que portan un microorganismo que no les provoca una patología pero que sí pueden transmitir a otros, se les denomina vectores.

En el caso del SARS-CoV-2, además, se han encontrado muestras de coronavirus muy parecido al que actualmente está causando la COVID-19 en un pequeño animal (también mamífero) denominado pangolín [8] [9]. Esas muestras son más similares aún al SARS-CoV-2 que las que se han hallado en murciélagos. El pangolín es un curioso animal, un “animal de aspecto primitivo”, que, a pesar de ser un mamífero, está cubierto de escamas. Ese es su peligro: en algunos países del Sudeste Asiático (como China y Vietnam) y África (como Gabón) sus escamas son muy demandadas porque se considera que poseen propiedades medicinales. Además, su carne es valorada como un manjar exquisito. Existen 8 especies de pangolines (4 de ellas africanas), todas en peligro de extinción, y, de ellas, 5 están en peligro crítico. El tráfico ilegal de este animal es el mayor del mundo dentro de los mamíferos. [10]

Por deducción, los investigadores han supuesto que algunas de las distintas variedades de virus existentes en los murciélagos fueron transmitidas, por contagio, al pangolín. De hecho, las especies de murciélagos estudiadas viven en los mismos hábitats y ecosistemas que los pangolines, los cuales, en ocasiones, suelen utilizar las cuevas y refugios de los murciélagos para protegerse.

Hasta aquí todo bien: virus que se reproducen en murciélagos (vectores primarios), que pasan también a los pangolines (vectores intermediarios), a los que no les causan enfermedad. Entre esos coronavirus, algunos han mutado de forma que pueden unirse a las células humanas e infectarlas (especialmente de boca, garganta, nariz y ojos) … Pero tranquilos: esos animales permanecen en sus hábitats, alejados de los inquietos humanos. ¿O no…?

Ahora hablemos de Ecología. Cuando un ser vivo encuentra un ambiente adecuado (porque se han extinguido sus depredadores, porque dispone de más alimento o porque llega a un nuevo ecosistema virgen, con condiciones que le permiten reproducirse sin impedimentos…) empieza a colonizarlo, creciendo de manera exponencial (ya que no existe nada que se lo impida), consumiendo todos los recursos disponibles hasta que estos, debido a la escasez, impiden que dicho ser vivo pueda seguir incrementando su descendencia. A partir de ahí, el número de individuos invasores comienza a disminuir hasta extinguirse o alcanzar una cantidad que les permita seguir reproduciéndose con los recursos existentes. Si miramos las terribles gráficas que nos han venido mostrando en los últimos meses sobre la evolución de la pandemia [11], podremos comprobar que son muy similares a la que se acaba de describir. ¿Por qué?

Las autoridades aduaneras se han incautado de un número enorme de pangolines procedentes de zonas recónditas en las que los cazadores furtivos hacían incursiones para capturarlos. También se han encontrado estos animales, vivos y muertos, en diferentes mercados populares de China, Vietnam, Gabón… [9] [12] Las condiciones despiadadas en las que se hallaban los pangolines (hacinados en jaulas en las que apenas podían moverse, en compañía de otros animales, sin agua ni alimento, golpeados, matados a machetazos e incluso hervidos vivos, almacenados a temperaturas superiores a los 40 ºC), además de ser una crueldad, ha permitido que los coronavirus que portaban se diseminasen fácilmente entre unos y otros y, por fin… al ser humano, el mismo que los despreció, maltrató e ignoró. Esos cazadores furtivos y los que venden las escamas y la carne obtienen por un solo animal el equivalente a cuatro meses de sustento para ellos y sus familias. Además, debido a la deforestación, el cambio climático, la destrucción de ecosistemas, estos animales y los murciélagos han entrado en contacto con los humanos, en busca de comida y cobijo o huyendo de la exterminación.

Desde hace tiempo, los científicos vienen alertando a los Gobiernos de la necesidad de tomar medidas para evitar nuevas enfermedades infecciosas emergentes que podrían causar pandemias graves. Concretamente, investigadores como Peter Daszak [13], virólogo y ecólogo evolutivo norteamericano, ya advirtieron hace unos años a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el peligro de una epidemia grave causada por un patógeno desconocido, de origen animal y que se propagase por varios países con una tasa de mortalidad mayor que las cepas de gripe estacional, causando alarma global.

La Dra. Núria Busquets Marti [14], del CReSA (Centro de Investigación en Sanidad Animal, de sus siglas en catalán), Universidad de Barcelona, también advirtió en un artículo de mayo de 2011 del peligro de la globalización en el surgimiento de nuevas enfermedades virales peligrosas. Así, el cambio climático; las migraciones de unos países a otros debidas a la pobreza, la guerra, la violencia y la injusticia social; el consumo excesivo de animales, el transporte de los mismos y la caza furtiva; y la contaminación, pérdida de biodiversidad e introducción de nuevas especies son, además de injustos e insolidarios, un peligro para todos nosotros. Lo expuesto hasta ahora permite que los virus y vectores se reproduzcan con mayor facilidad, que nuestro sistema inmune se altere y, lo más importante, que esos virus entren en contacto con los humanos.

¿Y qué pasa si un nuevo virus cuya mutación le permite reproducirse en las células humanas y que hasta ese momento ha permanecido en otro animal se introduce dentro de una persona? ¿Y si el sistema inmune de esa persona no posee defensas especializadas para ese virus porque es nuevo, porque nunca se ha enfrentado a él, y entra en contacto con otras muchas sin saberlo? ¿Y si el virus viaja de un país a otro gracias a la globalización, los viajes intercontinentales? ¿Recordamos lo que se ha comentado de la colonización de una especie cuando encuentra un ecosistema libre, óptimo para ella? Si ocurre todo eso… se produce la pandemia que estamos sufriendo actualmente.

 

Un sistema se define como una entidad con límites y con partes interrelacionadas e interdependientes cuya suma es mayor que la suma de sus partes. El cambio de una parte del sistema afecta a las demás y, con esto, al sistema completo. Todos, y todo, estamos interrelacionados, formamos un sistema complejísimo. No podemos observar con mirada estrecha. La estrechez de miras provoca estrechez de mente.

El consumo en la otra parte del mundo de unos pequeños animales, desconocidos para nosotros; la caza de los mismos por la pobreza, la ignorancia y las condiciones miserables en las que viven muchas personas, como sus captores y comerciantes; el uso y abuso de productos, transportes, combustibles fósiles en una vorágine de consumo desenfrenado, ¿puede tener alguna repercusión en nosotros, en nuestro país, en nuestra localidad? Tristemente, la respuesta es, otra vez, SÍ. En España, más de 241.000 contagiados y 27.135 fallecidos (a fecha de 06/06/2020 [11]) así lo demuestran. Personas, familiares, amigos que ya no están o que han padecido la enfermedad. ¿Tiene eso algo que ver con nuestros hábitos, nuestros objetivos en la vida, nuestro comportamiento? SÍ.

Incluso podría añadirse que el origen de la pandemia se halla en esa ilusión humana de creernos, como especie, por encima del planeta en el que vivimos, por creer que lo controlamos y que podemos apropiarnos de lo que queramos cuando queramos. Nuestro afán de coger, arrasar y explotar, por encima de los demás (humanos y no humanos) nos llevó a acorralar, masacrar y maltratar a un pequeño mamífero... a pesar de las prohibiciones. Así que un virus que nunca debió salir de las regiones recónditas donde viven esos animales se extendió gracias a la soberbia humana, la avidez y la falta de respeto a lo que nos rodea y sustenta. De la muerte del pangolín al consumo de su carne y la actual pandemia, según algunas investigaciones recientes, sólo han mediado unos seis meses. El devenir de los acontecimientos se erige en una falta de consideración pasmosa por la naturaleza y por otros seres humanos que ahora, en el otro extremo del planeta, están pereciendo a causa del egoísmo y el desprecio por todo lo que no nos afecta directamente... ¿o sí nos afecta?

Si el origen ha sido global, la solución debe ser también global. No podemos cuidarnos sin cuidar a los más desfavorecidos, los que viven en otras partes del mundo en condiciones lamentables. Como se comentaba al comienzo, si no lo hacemos movidos por la humanidad y el altruismo, deberíamos hacerlo por egoísmo. Porque estos virus y otros (SIDA, ébola…) surgen sobre todo en zonas tropicales y subtropicales, donde se da, además, una explotación hiperbólica del ecosistema, en países empobrecidos, con un sistema educativo reducido o inexistente y sin medios para hacer frente a la enfermedad. Y si, aunque sea de manera egoísta, no ayudamos a hacer justicia y ofrecerles nuestra ayuda para salir de esa situación; si no cambiamos nuestro marco económico de explotar-consumir-tirar… podemos ir resignándonos a pandemias como la actual o mucho más agresivas. Hay que pensar de otro modo: si te ayudo, me ayudo a mí mismo… Si enviamos recursos económicos y humanos a esos países, si destinamos parte de nuestro dinero (que también es suyo), por ejemplo, a que puedan fabricar jabón para facilitar la higiene mínima o para que puedan comprar alimentos y productos de primera necesidad, estaremos evitando que el virus surja, se ponga en contacto con nosotros y se propague y enquiste. Debemos colaborar, simplemente, porque todos salimos ganando.

Este planeta es mucho más fuerte que nosotros y podrá permanecer (con otros seres vivos al frente, si es necesario) al menos otros cinco mil millones de años más, aunque desaparezcamos. No nos necesita.  Pero es nuestro único hogar y nosotros sí lo necesitamos, igual que al resto de compañeros de travesía. ¿Nos daremos cuenta a tiempo o nos extinguiremos? ¿Reflexionaremos sobre cómo es posible que la naturaleza, el planeta entero, haya mejorado justo cuando nosotros nos hemos retirado? ¿Llegaremos alguna vez a ser dignos de nuestro nombre, Homo sapiens, y comprenderemos que las injusticias humanas y la explotación del medio ambiente que ocurren en otras partes del planeta también nos dañan y matan a nosotros, a nuestros seres queridos?

RAMÓN RAMÍREZ TORIJA

BIBLIOGRAFÍA Y ARTÍCULOS DE INTERÉS:

[1]

Redacción, «Coronavirus: por qué CoViD-19 se llama así y cómo se nombran los virus y las enfermedades infecciosas», BBC News Mundo, 16 marzo 2020.

[2]

Á. Bosch, «SARS, una neumonía atípica de etiología desconocida», OFFARM, vol. 23, nº 1, pp. 60-64, 2004.

[3]

I. Mingarro, «Los 7 tipos de coronavirus que infectan humanos», National Geographic España, 24 marzo 2020.

[4]

O. Güell, «Origen, síntomas, letalidad... Lo que se sabe del nuevo virus de China», El País (Digital), 31 enero 2020.

[5]

K. G. Andersen et al., «The proximal origin of SARS-CoV-2», Nature Medicine, vol. 26 , p. 450–455, 2020.

[6]

M. Bassets, «David Quammen: “Somos más abundantes que cualquier otro gran animal. En algún momento habrá una corrección”», El País (Digital), 19 abril 2020.

[7]

D. Quammen, «Contagio: la evolución de las pandemias», Madrid: Ed. Debate, 2020.

[8]

Lam T. T. et al., «(2020): Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins», Nature, pp. 1-5, doi: 10.1038/s41586-020-2169-0, 2020.

[9]

M. Á. Criado, «El cerco sobre el pangolín como fuente del coronavirus se estrecha», El País (Digital), 26 marzo 2020.

[10]

Redacción , «El pangolín, el mamífero más traficado del mundo,» National Geographic España, 31 marzo 2020.

[11]

Ministerio de Sanidad y Consumo de España: Situación actual sobre la pandemia COVID-19 [En línea]. Disponible: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/situacionActual.htm.

[12]

Redacción , «La cruel y brutal caza ilegal de los pangolines», National Geographic España, 6 agosto 2019.

[13]

G. Lissardy, «"Estamos encarando epidemias como la COVID-19 de forma equivocada": entrevista con el ecólogo de enfermedades Peter Daszak», BBC News Mundo, 9 marzo 2020.

[14]

N. Busquets, «Globalización y enfermedades virales emergentes», CReSAPIENS, vol. 1, pp. 4-9, 2011.

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